"Y Dale alegría alegría a mi corazón,
Es lo único que te pido al menos hoy."
Fito Páez
Es lo único que te pido al menos hoy."
Fito Páez
Pocos días antes de la navidad me contaron que un buen amigo ha muerto. Un melenudo, pelirrojo e irreductible amigo. Flaco, muy flaco, largo, afectuoso, un poco torpe en los interiores pero un as al aire libre, lleno de energía, bien dispuesto, hosco con los motociclistas y los recolectores de basura –quizá fuera un poco clasista. Ágil y rápido con la pelota; cuando corría lo hacía lleno de elegancia, con unos movimientos estilizados que resaltaban su pelo al viento. Cuando se mojaba, vaya que le gustaba, se reducía casi al mínimo , todo su garbo se perdía en el agua. Mañoso para comer, quizás por lo malcriado que se puso a punta de galletas de avena, trozos de jamón y jugo de carne.
Los paseos, ávido de salir, al mínimo indicio de esta posibilidad, avistaba una correa o veía un movimiento sospechoso y se volvía loco. Peor si le decía claramente “Vamohapasear”.
Amigo de los niños aunque cierto padre no lo quisiera. Más de una vez algún petizo sobrino se dormía la siesta echado sobre su vientre; se dejaba jalar de la cola o que le metieran los dedos en la boca, él como si nada, claro que se tomaba su revancha, al menor descuido un niño se podía quedar sin su galleta o su trozo de pan “con chanchito”. Su cola, una especie de amenaza para cualquier objeto frágil que estuviera a su altura.
Pienso cómo hubiera vivido en un ciudad asfaltada y ordenada como ésta. Su energía difícilmente se hubiera adaptado, Con él era una proeza el intento de pasear atado a una correa, derechamente un acto temerario.
Llegó para romper reglas y declaraciones, la número 1, que escuchamos tantas veces cuando niños, “nunca habrá uno en esta casa”. Él se paseaba impune por cualquier habitación, dormía sobre las camas, sillones, donde quisiera. Se instalaba en medio del salón cuando había gente, no importaba si lo conocían o no. Nada de dejarlo solo: imperdonable. Incluso llegaba a dormir la siesta en pleno “tálamo nupcial” –hasta que llegara el amo, momento que salía como un rayo, es que tenía la claridad sobre qué hacer con quién y qué pedirle a quién.
Se convirtió un imprescindible en cualquier momento familiar y un infaltable en las fotos. No era extraño que algún contertuliano habitual le enviase saludos… y se los dábamos. Como cualquier celebridad, también tenía quienes le eran hostiles, pero había que tener cuidado para manifestar desacuerdo con compartir el espacio. Se podía insinuar una negociación, el que exigía… podría terminar siendo “persona non grata”.
Bono, tan “irlandés”. Siempre diferente, siempre distinguido, siempre aventurero. Capaz de encamarse a la montaña que le presentáramos, él no la subía una vez, como cualquier mortal, él lo hacía dos o tres veces. Iba adelante, se devolvía, nos esperaba, bajaba un poco, nos adelantaba. Imparable.
Si hay un cielo para él, es una gran pradera de hierba con personas dispuestas a lanzarle la pelota. No está llena de huesos, lo está de galletas de avena. No tiene cuchas ni felpudos, sólo mullidos sillones y camas con colcha.
God bless you, Bono, wherever you are.
Llegó para romper reglas y declaraciones, la número 1, que escuchamos tantas veces cuando niños, “nunca habrá uno en esta casa”. Él se paseaba impune por cualquier habitación, dormía sobre las camas, sillones, donde quisiera. Se instalaba en medio del salón cuando había gente, no importaba si lo conocían o no. Nada de dejarlo solo: imperdonable. Incluso llegaba a dormir la siesta en pleno “tálamo nupcial” –hasta que llegara el amo, momento que salía como un rayo, es que tenía la claridad sobre qué hacer con quién y qué pedirle a quién.
Se convirtió un imprescindible en cualquier momento familiar y un infaltable en las fotos. No era extraño que algún contertuliano habitual le enviase saludos… y se los dábamos. Como cualquier celebridad, también tenía quienes le eran hostiles, pero había que tener cuidado para manifestar desacuerdo con compartir el espacio. Se podía insinuar una negociación, el que exigía… podría terminar siendo “persona non grata”.
Bono, tan “irlandés”. Siempre diferente, siempre distinguido, siempre aventurero. Capaz de encamarse a la montaña que le presentáramos, él no la subía una vez, como cualquier mortal, él lo hacía dos o tres veces. Iba adelante, se devolvía, nos esperaba, bajaba un poco, nos adelantaba. Imparable.
Si hay un cielo para él, es una gran pradera de hierba con personas dispuestas a lanzarle la pelota. No está llena de huesos, lo está de galletas de avena. No tiene cuchas ni felpudos, sólo mullidos sillones y camas con colcha.
God bless you, Bono, wherever you are.
