31 diciembre 2007

God save Bono.

"Y Dale alegría alegría a mi corazón,
Es lo único que te pido al menos hoy."
Fito Páez

Pocos días antes de la navidad me contaron que un buen amigo ha muerto. Un melenudo, pelirrojo e irreductible amigo. Flaco, muy flaco, largo, afectuoso, un poco torpe en los interiores pero un as al aire libre, lleno de energía, bien dispuesto, hosco con los motociclistas y los recolectores de basura –quizá fuera un poco clasista. Ágil y rápido con la pelota; cuando corría lo hacía lleno de elegancia, con unos movimientos estilizados que resaltaban su pelo al viento. Cuando se mojaba, vaya que le gustaba, se reducía casi al mínimo , todo su garbo se perdía en el agua. Mañoso para comer, quizás por lo malcriado que se puso a punta de galletas de avena, trozos de jamón y jugo de carne.
Los paseos, ávido de salir, al mínimo indicio de esta posibilidad, avistaba una correa o veía un movimiento sospechoso y se volvía loco. Peor si le decía claramente “Vamohapasear”.
Amigo de los niños aunque cierto padre no lo quisiera. Más de una vez algún petizo sobrino se dormía la siesta echado sobre su vientre; se dejaba jalar de la cola o que le metieran los dedos en la boca, él como si nada, claro que se tomaba su revancha, al menor descuido un niño se podía quedar sin su galleta o su trozo de pan “con chanchito”. Su cola, una especie de amenaza para cualquier objeto frágil que estuviera a su altura.
Pienso cómo hubiera vivido en un ciudad asfaltada y ordenada como ésta. Su energía difícilmente se hubiera adaptado, Con él era una proeza el intento de pasear atado a una correa, derechamente un acto temerario.

Llegó para romper reglas y declaraciones, la número 1, que escuchamos tantas veces cuando niños, “nunca habrá uno en esta casa”. Él se paseaba impune por cualquier habitación, dormía sobre las camas, sillones, donde quisiera. Se instalaba en medio del salón cuando había gente, no importaba si lo conocían o no. Nada de dejarlo solo: imperdonable. Incluso llegaba a dormir la siesta en pleno “tálamo nupcial” –hasta que llegara el amo, momento que salía como un rayo, es que tenía la claridad sobre qué hacer con quién y qué pedirle a quién.

Se convirtió un imprescindible en cualquier momento familiar y un infaltable en las fotos. No era extraño que algún contertuliano habitual le enviase saludos… y se los dábamos. Como cualquier celebridad, también tenía quienes le eran hostiles, pero había que tener cuidado para manifestar desacuerdo con compartir el espacio. Se podía insinuar una negociación, el que exigía… podría terminar siendo “persona non grata”.

Bono, tan “irlandés”. Siempre diferente, siempre distinguido, siempre aventurero. Capaz de encamarse a la montaña que le presentáramos, él no la subía una vez, como cualquier mortal, él lo hacía dos o tres veces. Iba adelante, se devolvía, nos esperaba, bajaba un poco, nos adelantaba. Imparable.

Si hay un cielo para él, es una gran pradera de hierba con personas dispuestas a lanzarle la pelota. No está llena de huesos, lo está de galletas de avena. No tiene cuchas ni felpudos, sólo mullidos sillones y camas con colcha.

God bless you, Bono, wherever you are.

16 diciembre 2007

Vienen las fiestas... mucha precaución

Ayer preparaba una tortilla española, con papas, cebolla y chorizo español. Cortando el embutido, el cuchillo resbaló y penetró inmisericorde en la uña del dedo gordo, un poco más y se integra a la tortilla. El cuchillo no era ni grande ni afilado. No puedo decir “yo no fui, fue el cuchillo”. Más bien lo atribuiría a una mezcla de entusiasmo por la buenas noticias académicas (¡David nos aprobó el concepto para el guión del largometraje del taller de escritura, y de verdad “la historia mola”) y cansancio de los últimos días en Salamanca: cena de celebración del master –cena y algo más, hasta las 4 a.m.; tres películas en dos días, clases a las 8:30 a.m. de la mañana del sábado; bus a Madrid; un testimonio para la V Jornada de los Guionistas frente al Mercado del guión. Harto para pocos días. La cabeza, tramando tramas para el proyecto del largo y tratando de organizar la próxima semana para hacer calzar encuestas, curso, reuniones, documentos a desarrollar y clases, las últimas antes de las fiestas de navidad. Nada de queja, no es que me haya contagiado del “espíritu quejica”, como no estar agradecido de tener menuda cantidad de actividades divertidas.
A propósito de fiestas navideñas, Madrid se vistió de nuevo de luces de colores por todas partes, gente en la calle paseando por montones, y todo lo que lleva consigo el “espíritu navideño”. Lo bueno que acá no va unido al cierre del año, escolar o laboral, no hay tanto apremio. Sí hay muchas cenas de empresa y actos alusivos, pero mi impresión es de menos tensión que nuestras navidades santiaguinas. En realidad en Santiago es “la navidad –o pascua- y el año nuevo”. Aquí son “las navidades”, que “le lleva”: Noche Buena, Navidad, noche vieja, campanadas, año nuevo, Reyes magos”. En todo ese tiempo casi no se trabaja, salvo los que trabajan en comercio y en hostelería, que no son pocos… es cierto.
Todavía no me acostumbro a tener una navidad fría, más bien con frío. El pascuero tiene que ir por necesidad abrigado; los turrones, polvorones, chocolates y toda la repostería navideña entrega calorías que sirven para enfrentar la calle. ¡Cómo echo en falta las galletas navideñas!
Me voy a concentrar más para esta semana, no sea que alguna otra parte de mi cuerpo termine en un sartén.