13 febrero 2012

"La indómita luz se hizo carne..."

No sé si me gusta la música de Luis Alberto Spinetta.

Habiéndome enterado ayer que había muerto el 8 de febrero, es un pensamiento que he vuelto a cavilar.

Pero aparte de mi gusto por su música, declaro que ella forma parte indisoluble de mi “banda sonora”. Ha estado presente en muchos momentos de mi vida, he regalado su música –en casete-, me han prestado algún disco, incluso tenía un casete de él, creo que con Fito Páez.

Pero sin lugar a dudas, hay una canción crucial, definitiva para mí: “Rezo por vos” que escribió con Charly García, otro imborrable de los sonidos biográficos (ver post “vivos y decadentes”).

Aún rememoro el concierto del año 1985 en el velódromo del Estadio Nacional de Santiago, cuando Charly presentó la canción. Como tengo una memoria privilegiada para frases, imágenes o recuerdos “inútiles”, llevo grabado cuando dijo: “Esta canción la compuse con Luis Alberto Spinetta, que ojalá venga pronto a volarles un poco…. ¡¡¡¡¡Uh!!!!!!" Y sonó el inconfundible compás acompañado con las palmas, para incorporar después los acordes. Desde ese día, es una canción inseparable, que vuelve a mi memoria con frecuencia, que la busco en días que puedo estar triste o mal, en días que me siento poderoso e iluminado o cualquier día cuando quiero acordarme de ella. Y versiones de esta canción hay muchas, pero una, que hicieron juntas es para mí de las mejores, es como un ensayo, fresca, imperfecta, espontánea, con la libertad para felicitarse el uno al otro entre los versos.

A Spinetta lo han llamado un poeta del rock argentino y puede ser. Puede ser también que a mí me cueste entender su poesía, sus letras a veces enrevesadas. También me cuesta su voz, con esa vibración tan única y tan complicada.

Vienen a mí las letras, trocitos de ellas que no he alcanzado a aprender, pero que aparecen:

“Violeta es el color, de tu flash / Violeta es el color de tu espejo de cristal”.

es un verso que aflora muchas veces cuando veo ese color o escucho ese nombre;

"No seas fanática, fanática, nena”; otra canción de las que están ahí, que atacan en cualquier momento, que incluso no recordaba que es de él hasta ahora que estoy escribiendo esta entrada:

“Muchacha ojos de papel,

¿adónde vas? Quédate hasta el alba.

Muchacha pequeños pies,

no corras más. Quédate hasta el alba.

Sueña un sueño despacito entre mis manos

hasta que por la ventana suba el sol.

Muchacha piel de rayón,

no corras más. Tu tiempo es hoy”

El nombre de sus discos es un capítulo aparte, originales y sorprendentes: Durazno Sangrando, Los niños que escriben en el cielo, La lala (con Fito Páez, creo que éste es el casete que tuve, y si no fue mío, igual lo tuve), Pelusón ofo milk (me encanta), Camalotus, Fuego gris, son ejemplos dentro de una larguísima lista.

Spinetta tenía 22 años más que yo. Se ha muerto. No es el primero de los grandes del rock argentino que se muere, pero sí lo hace de cáncer y a una edad en que es más esperable que se muera. Es también una señal que mis cuarenta son de verdad cuarenta.

A veces me gustaba Spinetta, a veces no me gustaba o había canciones que disfrutaba un día pero en otra estación no. Quizá como la poesía, quizá como los estados de ánimo.

Si creemos, creamos que ahora está entre los ángeles, los santos y los mártires, volándoles un poco ¡¡¡¡Uh!!!!

Rezo por Vos

La indómita luz

se hizo carne en mí

y lo dejé todo por esta soledad

y leo revistas,

en la tentación

mi cuerpo se cae

y solo veo la cruz al amanecer

entonces rezo

rezo por vos.

Morí por no morir

y me abracé al dolor

y lo dejé todo por esta soledad

ya se hizo de noche,

y ahora estoy aquí

hice el sacrificio (nena)

y abracé la cruz

al amanecer

entonces rezo

rezo por vos.

Y curé mis heridas

y me encendí de amor

y quemé las cortinas

y me encendí de amor,

de amor sagrado.

Y entonces rezo

entonces rezo y rezo por vos.

04 febrero 2012

Mega conspiración económica (según un amigo)

Lo último en intrigas que he escuchado, y que ya circula por la red, está relacionada con la descarga y visualización on line de películas en Internet. No significa nada nuevo, todos hemos escuchado sobre las leyes S.O.P.A, P.I.P.A, S.I.N.D.E, etc. Pero lo que me contó un amigo ayer, es diferente, más enrevesado, por tanto, más eficaz.

Según me explicó, detrás de la recién cerrada y perseguida judicialmente Megaupload y de los portales para ver y descargar las películas están… los grandes estudios de cine. Aunque cueste creerlo, los mismos que se supone son los afectados por la piratería. Como me quedé con cara de interrogación, mi amigo me lo tuvo que repetir.


- Quien está detrás de Megaupload y cualquiera de las aplicaciones que permiten compartir y ver online películas y series son los grandes estudios de cine.

- No puede ser - le dije a mi implacable colega-, pero si las grandes del cine pierden millones cada día.

- No,- retrucó- no pierden, invierten.

Y comenzó a explicarme que en realidad todo esto ha sido una estrategia de las Majors para que los internautas, mientras nos afianzábamos como internautas, nos volviéramos consumidores de historias por Internet.

- Demasiado rebuscado, repliqué.

Pero siguió: “Hombre, es súper simple, si hace algunos años hubieran comenzado a ofrecerte contenidos on-line y hubiéramos tenido que pagar por ello, no habríamos enganchado. Primero, las conexiones eran lentas y era engorroso descargarse una película o verla en línea, ergo, mejor gastar dinero en un vídeo club que ver algo que demoraba más en bajarse que el paseo hasta la tienda. Segundo, la calidad y el formato, hace unos años (tampoco tantos) las pelis se veían súper pixeladas, es decir, con mala resolución, razón por la cual tampoco estábamos para pagar por ellas. Tercero: había que verlas en la pantalla del computador, éstas eran más chicas y no tenían el formato panorámico que suelen tener las actuales, otra razón para no pagar. Pero, como a pesar de todo ello, eran gratis, no nos importaba esperar o que la película se viera cuadriculada o con mal sonido y en una pantalla minúscula. A película regalada no se le mira la resolución. Así que poco a poco comenzamos a ver las pelis.

- Pero qué tiene que ver, igual perdían dinero.

Y me paró en seco pues aún no había terminado su exposición, todavía faltaba que explicara su visión del otro fenómeno: Las grandes productoras no nos hubieran podido convencer de que pagáramos por ver series que aquí no se conocían. Distinto era comenzar a explorarlas gratuitamente, conocer de qué iban, encontrar las que nos gustaran, comentarlas con amigos, buscar otras nuevas, siempre sin poner un peso, hasta que sin darnos cuenta estábamos tan enganchados a las historias como para llegar al “un capítulo más, el último y me voy a dormir” cuando ya comenzaba a aclarar el día. Todo eso gratis.

- Claro, gratis, no habían ganado nada con todo ello.

- SÍ HAN GANADO – dijo con su vehemencia habitual- ahora ya no podemos dejarlo, somos A-D-I-C-T-O-S. Estamos enganchados.

Me quedé pensando un rato. Él continuó:

- Hoy en día el ADSL permite descargas rápidas, se ve todo con mucha mejor calidad, incluso en alta definición… pero ahora la tenemos cada vez más difícil verlas gratis.

- Eso es cierto, la gente está más angustiada por el fin del Megaupload que por las cifras de desempleo.

- Ahora que somos adictos, que sabemos el placer que es ver un capítulo tras otro de una serie, que podemos ver las pelis sin tener que movernos del escritorio, sólo nos quedará pagar por ellas.

- O sea, táctica de camellos.

- ¡Exacto! “El primero te lo regalan, el segundo te lo venden”. Estás abriendo los ojos, chaval.

- Vaya. Es que tienen que ser muy zorros para algo así – acoté algo convencido de sus palabras.

- Y tener el dinero para aguantar estos años de consumo sin control. Pero también han contado con la ayuda de muchos ingenuos que abogan por Internet libre y compartir contenidos sin restricción, un puñado de inescrupulosos interesados en ganar dinero con la obra ajena (-¿pero no era al revés?-) además del apoyo de los gobiernos, el FBI, la Unión Europea, el Congreso norteamericano y de cada uno de los países, organizaciones de defensa de los derechos de autor y la complicidad de los grandes centros financieros, las bolsas de comercio, de…

Ahí me terminé rápidamente mi cerveza y me fui, porque cuando toma vuelo con sus teorías conspiracionistas, no hay quien lo pare.

Camino a casa me vine pensando, quizás algo de razón podría tener, pero hay algo que no me encaja ¿Cómo lo lograrían sin el apoyo de los Extraterrestres y el Opus Dei?

05 octubre 2011

Una isla, isleños, mar y langostas (Parte 2 y final).

Juan Fernández es un archipiélago, pero la isla, La Isla, es Robinson Crusoe y el pueblo San Juan Bautista en la Bahía Cumberland.

Otra historia del mar: un día nos fuimos a pasar un día de picnic marítimo con conocidos que no veía hace años y que me los encontré ahí. Nos tiramos al agua con mascarilla y snorquel para mirar un poco bajo el mar. Aparecieron unos lugareños, los lobos marinos de dos pelos. Si fuera un cuento infantil y hubiéramos estado en un bosque, la aparición de los lobos sería la parte aterradora del relato, pero estábamos en el mar y ellos, con su gran masa nadadora, eran amistosos y quería jugar. Se paseaban entre nosotros haciendo círculos a distintas profundidades como si estuvieran danzando. Me quedó grabado como ellos en el agua no tienen el mismo sentido de arriba y abajo que nosotros, nadaban suavemente con la barriga hacia la superficie y el lomo hacia el fondo, mirándonos con sus enormes ojos debajo de su nariz de largos bigotes. “Tomaban vuelo”, venían directo a nosotros y a último momento giraban. Ver ese enorme cuerpo acercarse, era cautivante y atemorizaba al mismo tiempo. Luego de un rato jugando, se fueron como vinieron. No tengo fotos, pero tengo el recuerdo. Como también el recuerdo de sus pequeñas crías, los popitos, que chapoteaban entre las rocas cercanas al sector de la isla donde se encuentra la mentada pista aérea. Sus madres nadaban o tomaban el sol tumbadas y nos dejaban acercarnos hasta casi tocarlos. Con cautela, no queríamos saber cómo se pondrían si se enojaban.

Cuando nuestro equipaje, incluidas nuestras carpas, llegaron por fin a la isla, nos acampamos en el terreno de CONAF que fraternalmente la secretaria y los guardaparques nos cedieron. En ese tiempo no había un camping habilitado en el poblado. No sé si después lo ha habido. Nos hicimos amigos de los guardaparques con quienes también compartimos salidas a pescar (esa vez no me mareé), vi como le daban unos manguerazos a un enorme pez recién sacado del mar para atontarlo y evitar que sus movimientos lo devolvieran al mar. También los acompañé a cazar conejos. Puede parecer una contradicción, que los encargados de proteger la naturaleza fueran de caza. Pero en la isla son una plaga –los conejos, no los guardas- y amenazan a las otras especies. Se habían intentado muchas estrategias para controlarlos pero no tenían gran efecto. Nunca me ha gustado la cacería, pero ese día estuvimos entretenidos, tuvimos alimento y ayudamos a mantener a raya a los roedores. Me regalaron uno ya descuerado. Lo dejé en sal durante un día, lo cocí y me lo comí. Sabía bien. No recuerdo si he vuelto a comer conejo.

No he vuelto a la isla y no he vuelto a ver a sus parroquianos entre los cuales hice algunos amigos. No sé qué ha sido de ellos. Quiénes están, quiénes ya no. Haciendo memoria, voy recordando la fisonomía del pueblo para visualizar a quiénes el mar se llevó su casa, su negocio, su hostal, su bar o la discoteca. Recuerdo el jardín infantil, muy cerca del agua, y la escuela que ya no están, la que están volviendo a construir.

Mi dentista, el que me ha cuidado las encías durante casi 15 años se llama Juan Fernández, su segundo apellido es Alegría.

08 septiembre 2011

Una isla, isleños, mar y langostas (Parte 1)

Tragedia Aérea en el Archipiélago de Juan Fernández. 

Yo una vez estuve en el Archipiélago de Juan Fernández, en la Isla Robinson Crusoe.
Junto a 3 amigos del alma, jóvenes todos en ese tiempo (ahora también, pero siempre suena bonito un toque de nostalgia), cruzamos el mar en una avioneta (el otro pasajero era un dentista con mucho equipamiento por lo que tuvimos que dejar nuestro equipaje en Santiago). Aterrizamos en esa pequeña pista de tierra que hoy es protagonista de las noticias tristes. En ese tiempo era aún más pequeña. Está en un páramo, rodeada de cardos y algún arbusto. Había un cobertizo y tambores de gasolina o aceite tumbados por ahí. Sobre una loma, un avión abandonado como saludo de bienvenida. Nos hicimos fotos como si nos hubiéramos estrellado en él. Probablemente hoy no nos las haríamos. Para ir al poblado había que tomarse un bote que te llevaba hasta la bahía de Cumberland.

En la isla viven isleños, lo cual parece baladí, pero no lo es. Nosotros veníamos del continente, el resto de Chile era “el continente”, tampoco es para tomárselo a la ligera. Los isleños tienen una forma de ser diferente a los de tierra firme, tienen costumbres y una moral diferente. Un pueblo pequeño en que todos sabían de todos. Para mí, que nunca me ha gustado que se sepa demasiado qué hago o con quién, eso que la información fluyera como en la web, era incómodo (no especificaré aquí qué se decía). Descubrí de ese modo de contarse todo de todos es lo efímero de los decires y los cauhínes. Que lo que sale de las bocas, lo que va corriendo de unos a otros, a veces puede poner en riesgo el honor de los habitantes pero a los pocos días se olvida y no importa. Además, como son isleños, no les importa. Pueblo chico, sí, y encerrado por agua en todas partes.

A principios de marzo del 2010, leí un testimonio en El País de un viajero español que acampaban en Puerto Francés que despertó arrasado por el agua dentro de su carpa, como pudo logró rajar la tela y salir de ella para seguir vivo. Uno de sus compañeros no tuvo esa suerte y desapareció como algunos de los vecinos del poblado de Juan Bautista. En el Puerto francés había en ese tiempo un rústico refugio de madera cercano al mar donde pasamos la noche. Durante el día habíamos estado de excursión con unos botánicos de distintas nacionalidades con quienes compartimos la aventura de internarnos en la exótica vegetación de un sector de la isla. Ellos iban en busca de plantas y bichos endémicos, nosotros, de experiencias y recuerdos para atesorar y quizá un día contarlos. Incluso nos descolgamos por las empinadas paredes del cerro La Piña. Antes de dormir, disfrutamos del atardecer recortando figuras en las nubes, lo más notable, vimos finamente bordado en motas blancas a Condorito en moto. Inolvidable.

El mar. La langosta. La primera vez la compramos a los pescadores y la cocinamos en una cocinilla de camping. Con el paso de los días, nos hicimos de amigos que nos invitaron a sus botes y compartimos cómo la sacaban del agua y la cocinaban dentro del bote en un pequeño perol. No sé si sabría diferente, pero sí es diferente verla hervir y sentir cómo la brisa del mar se lleva el aroma del cocimiento. En otro bote aprendimos a pescar los pampanitos, peces que no sé cuál es su nombre en otras latitudes, cogidos con una simple lienza y un anzuelo, la carnada eran restos de langosta. Asados dentro del mismo bote y comerlos con la mano. El mar. La recolección de langostas: trampas de madera señaladas con pequeñas bollas, alzadas a mano por las fuertes manos de los pescadores. Cada animal era medida con una regla metálica. Si “no daba la talla”, se salvaba y volvía al mar. Si estaba dentro de los parámetros, se iría a algún restorán del continente a unos precios que yo no estaba en condiciones de pagar. Uno de los pescadores me invitaó a participar de un día en su vida, a ver de cerca la pesca de la langosta. Embarcados en una pequeña lancha nos hicimos mar adentro. Todo bien durante largo rato. Hasta que saqué mi cámara para que las imágenes quedaran y no se olvidaran. Al fijar el ojo en el pequeño visor, alcancé a sacar una o dos fotos (en ese tiempo la foto era en formato papel, cada una tenía su costo, tenía que estar bien sacada o era tirar la plata). Luego de eso, mar...eo. Fijar la vista en tan pequeño punto me hizo perder el rumbo. De ese momento en adelante todo fue mareo, agua, vómito al mar, tumbado junto al borde. Agua que me caía encima. Ni me podía mover del malestar. Calado entero. Vómito. Las horas pasaban. Agua, vómito, el mar subiendo y bajando. El tiempo pasaba, ellos trabajaban, no iban a volver a tierra por su invitado, cada día es dinero. Agua, el mar subiendo y bajando. Vómito. Ya no quedaba nada que vomitar. Calado, frío, tapado gentilmente por mi anfitrión con un plástico. Vómito. El mar subiendo y bajando. Al llegar a tierra, el patrón me comentó: “Cuando yo comencé en esto, era cabrito, estuve un año mareándome todos los días. Después me acostumbré”. Ese día no comí langosta. Tengo la foto. Tengo el recuerdo.

Una de esas noches, a la entrada lo que era la discoteca, un joven lugareño ya medio enfiestado, me saludó. Al apretar la mano, las tomó entre las suyas y me dijo “Debes ser periodista o alguna cosa así, porque tus manos no han hecho más que tomar un lápiz. Nunca han trabajado de verdad”. Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. “Psicólogo” respondí tímidamente. (Continuará)

03 agosto 2011

El riesgo de Los Mercados.



Escuchamos mucho en estos días que “La prima de riesgo ha subido hasta niveles record, que ha bajado o se ha estabilizado”, que un país, Irlanda es rebajado a “bono basura”. ¿Alguien puede explicar qué es y, sobre todo, por qué influye en el devenir de los países afectando al ciudadano que va a comprar el pan o un pisito cerca de la casa de sus padres?

Como estoy con tiempo para perder el tiempo, me pongo a leer en El País.com un artículo sobre qué es la prima de riesgo y cómo funciona. (El País digital)
Según he entendido, se trata de los mercados de deuda y la búsqueda de financiación de éstas. Se habla de bonos que se comparan con el bund alemán que, según dicen, es el más estable y de menos riesgo de todos en la eurozona (y probablemente el más aburrido). Si el riesgo sube un punto porcentual sobre el germano, entonces son 100 puntos de castigo, así para arriba y para abajo. Es algo relacionado con la confianza que entrega cada país para que las inversiones en deudas valgan o no la pena. Me acuerdo entonces de mi profesor Carlos Descouvieres, que nos explicaba que la economía –especialmente la grande- se basa en las expectativas que tienen los inversores en que sus inversiones lleguen a los niveles de ganancia que ellos esperan” (Bueno, era algo más complejo que eso).

Para orientarse cómo va a andar la cosa, hay gente especializada en evaluar estas variables. Leo que hay tres grandes calificadores de deuda, Standard & Poor's, Fitch y Moody's. Miremos la primera, si traduzco literalmente Standard & Poor's sería algo así como Nivel y Pobre’s o Criterio y Escaso’s. Vaya, es raro que una consultora que lleva la palabra Pobre (Poor) en su nombre sea la que orienta a los grandes inversionistas. La tercera, Moody’s me parece un nombre tan poco serio (recuerda al nombre del Pájaro Loco: Woody Woodpecker) como para que Los Mercados le crean a sus calificaciones. Quizá Los Mercados, están peor que el pajarito. Resumiendo, según voy tratando de entender, todo este tinglado que tiene en vilo a los gobiernos, especialmente a los más mediterráneos e Irlanda y por tanto a sus ciudadanos, tiene que ver con Los Mercados.

Pero... ¡¿Qué son Los Mercados?!

Hace años, Patricio Aylwin –ex presidente de Chile- señalaba que “el mercado es cruel”, imaginemos cómo será más de un mercado.
¿Qué son realmente Los Mercados? Pareciera que son unas entidades que se mueven según ciertos impulsos que los hacen subir y bajar, comprar, vender o especular, calificar o descalificar, que tienen reglas propias, difíciles de entender; son unas cosas que confían o desconfían y según eso actúan. Y me pregunto ¿Quiénes son Los Mercados? Dan la impresión de ser entes abstractos que responden a su propia entelequia. Son como Matrix, un organismo supra superior que lo maneja todo, con inteligencia y capacidad de decisión autónoma, según sus propias normas. Mmm, o estamos viviendo en una película de ciencia ficción capaz de llevar a países a la quiebra o hay “gato encerrado”.

Sería de suponer que “Los Mercados” están compuestos por personas, las consultoras de calificación están compuestas por personas que juzgan y evalúan... y el resto acatamos. Las personas que componen "Los Mercados" me las imagino como unos tipos gordos que apenas caben en sus sillones de cuero y que fuman grandes puros, incluso contraviniendo las leyes que prohíben fumar en lugares de trabajo. Probablemente no sean así (aunque fumen en sus despachos). Alguien me puede decir ¿cuántas personas componen "Los Mercados"? ¿Qué porcentaje de la población son los que están ahí al loro de la deuda de los países, comprando o vendiendo bonos, castigando, premiando o acosando a las naciones, especulando y decidiendo qué economías les dan más o menos confianza para poner el dinero de sus clientes?

Me permito unas preguntitas más: ¿Quién los eligió para estar ahí? ¿Por qué le hemos dado la autoridad para que decidan si los países se merecen ser declarados bonos basura, si son más o menos confiables, si son más o menos parecidos a los alemanes? ¿Dónde hay que votar para elegirlos o no?
O quizás es mejor pensar que el mercado es en realidad Matrix que no está compuesto por humanos sino por una inteligencia superior que nos premia y nos castiga según cómo nos portemos con el dinero.

29 abril 2011

Forever hoy


Hace un par de semanas fui a ver en el Teatro Compac Gran Vía, Forever Young, un espectáculo que no es un musical pero cantan. Se define como una comedia con canciones. Ambientado en el año 2050 “siete actores jóvenes interpretan a unos viejos centenarios que pasan una velada en el escenario de un teatro reconvertido en residencia de artistas. Algunas noches, los residentes se visten con sus mejores galas y rememoran sus éxitos”.
Es una puesta en escena un poco rara, los antiguos artistas están sentados en viejos sillones, hay un pianista afásico y una enfermera que los cuida. La esencia comienza cuando ésta se descuida y los viejos se ponen a cantar, bailar y recordar sus antiguas glorias a través de gags y chistes. La trama es bastante obvia y predecible, sin embargo entretiene, me he reído e incluso me he emocionado. Los actores y especialmente las actrices, cantaban muy bien –son todos actores habituales de los musicales-, las canciones son hitos del rock y el pop de las últimas décadas, por tanto de fácil identificación, siendo así un espectáculo que pega especialmente al adulto joven, esa franja que va de los veintilargos a los cuarenta largos incluso algunos en la cincuentena. Es un show para pasárselo bien, especialmente cuando el público que ha pagado su entrada tiene y manifiesta sus ganas de divertirse y dejarse seducir por lo que ocurre en el escenario (cosa que siempre se agradece).
Pero durante las casi dos horas que duró, hubo algo que me hizo ruido todo el tiempo (no fue mi audífono o sonotone, aún no llevo). Es un espectáculo que ocurre en el futuro, es decir, cuando yo sea viejo, los que están en el escenario “tuvieron” más o menos mi edad a mi edad y han envejecido más o menos del mismo modo que yo envejeceré. Una idea arriesgada pero con la cual no arriesgaron.
Lo que veía en escena es un vestuario y ambientación que son viejos hoy. Los sofás, lámparas y mesillas los encontramos ahora en las casas de los abuelos y casas de “mi pueblo” (que vienen siendo lo mismo), y los actores van vestidos como se visten los ancianos actuales: chaqueta y corbata algunos, bata y zapatillas de levantar otros y con abrigo de piel y estola de zorro las mujeres. Salvo el personaje de Rubén, “un ex hippie que acompañó a Miguel Ríos en sus 13 giras de despedida” está caracterizado como un hippie deteriorado y anciano: largos pelos, pantalones anchos, camisa de colores y un gorrito, el resto, repito, llevan ropas que podemos ver el domingo en cualquier iglesia madrileña.
Durante mucho tiempo me pregunté en qué momento de la vida, al cumplir cuántos años, los abuelos comenzaban a usar el pantalón sobre el ombligo, con un largo y angosto cinturón. Viendo películas clásicas descubrí que los grandes galanes del Star System llevaban los pantalones por allí arriba y unas corbatas cortas. Cary Grant, James Stewart y otros íconos del Hollywood dorado marcaban la moda y los jóvenes de entonces se vestían como ellos, lo siguieron haciendo... y lo hacen hoy (los que quedan –perdón por el toque de humor negro-). Pero la nueva generación de “adultos mayores” o nuevos vejetes, está cambiando el modo de vestir. Muchas personas alrededor de los 70 años usan chaquetas de polar, jeans (vaqueros), zapatillas (playeras o tenis), en general ropas que se compran en cualquier tienda y que ellos no usaban de jóvenes. Incluso uno muy cercano, cada año estrena unas zapatillas outdoor de alta gama que se las envidio profundamente.
¿Cómo me vestiré y me veré yo y mis coetáneos en el 2050? Ciertamente no como los que hoy tienen 80 años. No creo que después de algún cumpleaños empezaré a usar corbata ni traje ni me subiré el pantalón sobre la cintura. Probablemente los llevaré cerca de la cadera como ahora y probablemente en esa época se verá extemporáneo y anticuado. Y veinte o más años después, quizá los ancianos lleven los pantalones a mitad de culo, gorras de béisbol, zapatillas sin anudar y cadenitas. También se verán anticuados.
Nuestras casas, si no las renovamos no tendrán los muebles que hoy están pasado de moda. Es cierto que los muebles de antaño duraban más que los de ahora, pero no creo que tanto como para las casas viejas del futuro sean como los hogares viejos de hoy. Puedo apostar que los tejidos de ganchillo sobre los respaldos serán un recuerdo en la memoria de los que seremos abuelos. Quizá viviremos entre súper desvencijados muebles Ikea, sillas plásticas desteñidas en las terrazas, sillas ergonómicas destartaladas, mucho vinilo lleno de grietas y otros muebles gastados que hoy no puedo aún imaginar.
Claro, sólo podemos imaginar el futuro desde donde estamos y siendo como somos hoy. En el libro “El Filósofo entre Pañales”, Alison Gopnik dice que en la película Blade Runner (1982) visualizaron un futuro -2019 si no me equivoco- en que los teléfonos tendrían video llamada, lo cual más o menos ocurre hoy, pero en el año 82 no pudieron proyectar que para comunicarse no sería necesario ir a una cabina telefónica en una esquina, sino que habrían teléfonos móviles. Ridley Scott y sus guionistas, en ese momento no imaginaban el avance de la telefonía móvil en el futuro.
Habrá que ver cómo será y cómo estaremos en el año 2050. Si todavía tengo este blog se los comentaré... a los que queden para leerlo.

19 abril 2011

Vivos y decadentes


Este post lo había comenzado hace unos meses atrás, poco después del concierto “El Abrazo” en el Parque O’higgins en Santiago de Chile, pero quedó sin terminar y sin publicar. Ayer he recibido por fin un CD que había comprado en Amazon.com entusiasmado por los vídeos que vi de ese concierto través de youtube. Lo que decía esa entrada inspiraba lo que comento ahora:
Hay cosas que pensamos que nunca veremos y otras que siendo un cliché, algo esperable de ver en un determinado momento o lugar, de todos modos es altamente improbable que te ocurra.
La primera sería ver a Charly García regordete y volviendo a tocar un concierto a toda máquina, con voz (tampoco tanta, pero ayudado por una buena acompañante), con fuerza, concentrado, sin olvidar la letra y dándolo todo. Eso me imagino es lo que vieron los que fueron al mencionado concierto en Santiago y que algo recogían los vídeos en youtube. Eso es lo que he podido ver en el DVD con la grabación del “Concierto Subacuático” que acompaña al disco del mismo nombre que me llegó la semana pasada. Ver a un ídolo imprescindible de mi banda sonora vital renacer junto al piano, vestido de formal chaqueta y camisa negra, bajo una intensa lluvia, seguido por cientos de argentinos fieles y sonando como en los mejores tiempos, con precisión, energía y la cuota justa de ruido, acompañado por su banda “Say No More” –incluido el trío de chilenos gordotes y melenudos que en su día tocaron con el Negro Piñera-, y lo más notable, verlo presente, sobrio, concentrado, entregado. Hay “casi muertos” que no hay cómo enterrarlos. Charly es ahora uno de ellos. Cuando pensaba que ya sólo quedaba recordarlo como “lo que fue”, ha vuelto a subirse a los escenarios con una impensable barriga pero con toda la potencia y música que le vimos en los tiempos de los conciertos en el Estadio Chile o el velódromo del Estadio Nacional.
Lo que podría ser un cliché es ir paseando con el cochecito del bebé por una calle cerca de casa y encontrar un equipo de rodaje en plena faena, acercarme a cotillear y ver al mismísimo Pedro Almodóvar filmando. Más de algún amigo chileno me ha preguntado sí en estos 4 años y medio he visto a Pedro Almodóvar. La verdad es que sí, una vez antes lo vi a la entrada del cine, pero encontrarlo en plena filmación, con su tupé ya encanecido tan característico, es algo casi de postal. Pero el momento de Almodóvar es distinto, al ver sus últimas películas, la sensación es su talento se estuviera apagando como le ocurrió a Billy Wilder, Hitchock y varios otros maestros del cine al envejecer. Las últimas películas del manchego, no tienen la capacidad de atrapar ni de sorprender como tenían las que hizo algunas décadas atrás, y subrayando, “Los abrazos Rotos” es una película para olvidar, después de superar la rabia y las ganas de exigir la devolución del dinero. Todavía tengo la esperanza que Almodóvar reencuentre su inspiración y vuelva a seducirnos con sus películas como lo hizo tiempo atrás. Si Charly García ha podido emerger desde sus excesos, sus estadías en siquiátricos, sus adicciones, sus saltos a la piscina desde un octavo piso y su cuerpo famélico, para volver a encantarnos, podemos anhelar que Pedro vuelva a tomarse la pantalla para emocionarnos y no tener que recordarlo sólo por “lo bueno que fue”.
Mientras, Gustavo Cerati yace en un hospital sin poder cantarnos.